LA NUEVA VIDA DE MARTINA: DESTINO ACAPULCO nro. 3

hamaca

Sentada en una hamaca del pequeño porche, y aprovechando que era la primera vez que estaba sola desde su llegada a Acapulco después de 9 días, hacía reencuentro de su semana en el paraíso mejicano:

Ramiro había salido de la lista de pretendientes, nada más llegar a casa de los hermanos y ver como un chico moreno y alto le comía la boca con un beso. Era Octavio, su novio. ¿Por qué será que los mejores están ocupados o son gays? Sintió una profunda envidia. Y se propuso buscar a su hombre latino. Ella también quería uno.

Por lo demás, en estos primeros días en Acapulco, Martina había ejercido el papel de turista. Lucía y Ramiro no la dejaban ni a sol ni a sombra. Como anfitriones, un 10: no hubo grano de arena que pasaran por alto, o ciudadano de Acapulco que no le presentaran. El mismo día de su llegada le habían organizado una fiesta de bienvenida con toda la familia Reséndez y amigos de Lucía y Ramiro. Gente muy hospitalaria, alegre y con un hígado a prueba de la cirrosis más galopante. Como corría el tequila, el mezcal y los margaritas. Su cuerpo no estaba preparado para eso, pero si con ver una botella de vino ya se emborrachaba. Así que se pasó a los margaritas sin alcohol y al tapache después de 3 días y cuatro migrañas.

Y la dura realidad volvió a tocar a su puerta: ya se había divertido bastante. Ahora tenía que ponerse las pilas porque el dinero no le iba a durar eternamente ni tampoco los chicos la iban a hospedar por vida en su casa. Así que desde hacía un par de días, había ido dejando su  CV por todo Acapulco.

Al final como pasa siempre, la oportunidad le llegó a través de una mano conocida, la de Octavio, el novio de Ramiro y nuevo mejor amigo. Él trabajaba de relaciones públicas en un pub y le consiguió un trabajo en el guardarropa.  Y es que ya Martina le había advertido que ella y la gravedad eran intimas amigas, sobre todo cuando llevaba una bandeja. Equilibrio y agilidad cero, a no ser para llevar unos tacones.

Aunque al principio no le hizo mucha gracia pues se encontraba fuera de forma y eso de trasnochar se le hacía muy cuesta arriba, a los 3 días sentía que había nacido para ello. No era un trabajo estresante o excesivamente pesado y conocía a un montón de gente. 

LOOK NEGRO

Fue en una de esas noches donde conoció a Gaspar, made in México. La verdad que en un principio no le llamó la atención físicamente y más cuando en el poco tiempo que llevaba trabajando había visto más hombres tipo modelo de Dolce & Gabbana que en toda su vida. Pero había que reconocer que tenía mucha labia y en seguida la engatusó. Bueno la verdad que para ello no había que forzarse mucho, en esa época Martina era una presa fácil. Gaspar era de México DF pero la empresa donde trabajaba, una cadena hotelera, tenía negocios en Acapulco que le hacía estar a caballo entre los dos sitios. Después de la noche en que se conocieron donde sólo habían compartido bebida y taxi, no se habían vuelto a ver. El romance continuó gracias al teléfono y al whatsapp: intercambio de mensajes, llamadas de madrugada, frases de doble sentido, intercambio de fotos….lo típico. 

Martina andaba feliz como tortuga con patines. Había recuperado esas mariposas en el estómago, la sonrisa boba y fácil  y sobretodo, su autoestima que hacía tiempo había perdido en el apartamento de Rodrigo cuando descubrió en la almohada un perfume de mujer que no era el suyo. El muy capullo ni siquiera se había molestado en cambiar las sábanas. Encima de cabrón, guarro.

LOOK ROJO

En unos días regresaba Gaspar a Acapulco y habían quedado en tener una noche romántica, así que Martina se equipó para la batalla: manicura y pedicura, depilación, compra de ropa interior (cambió los dibujos de Snoopy y la goma ancha de sus antiguas braguitas por el encaje y color fresa de las nuevas),  hasta se compró un perfume nuevo, de los caros, que sustituiría al de Mercadona que llevaba meses usando. Después de dos días sin parar para restaurar a la nueva Martina y acompañada por su nuevo aliado, Octavio, decidieron que bien se merecían celebrarlo. Así que se sentaron en una terraza y se obsequiaron con 2 margaritas light. Martina aprovechó para enseñarle la nueva foto que le había mandado Gaspar desde su oficina para que viera que se acordaba de ella. 

“Nena, ¿has visto la trona de bebé que hay detrás de él? ¿Dónde dices que se la hizo?”.

En ese momento Martina sentía sus oídos como si hubiera habido una explosión y se le hubiera venido encima medio Pacífico. ¿¿¿¿CÓMO???? Llevaba con la foto dos días y ni se le había ocurrido ampliarla, y en un segundo que la había visto Octavio, le había descubierto el pastel. No sabía que le daba más rabia: si su estúpida inocencia, el engaño o que el tío hubiera sido tan gilipollas de hacerse la foto con una trona de bebé detrás y encima se la mandara sin revisarla antes. “DOS TEQUILAS”…”Cielo, que yo no bebo alcohol”, le comentó Octavio…”No, si son para mi”. 

No sabía si era por los tres tequilas que se terminó tomando pero de repente empezaba a encajar cosas: había horas que desaparecía, conversaciones que se cortaban por continuas reuniones,….todo encajaba. 

Al final, Octavio le hizo ver que no fuera tonta que no se amargara, que le viera el lado positivo. En ese tiempo había estado feliz y había revivido sensaciones perdidas de hacía tiempo. Pero Martina sólo podía pensar en el dinero que se había gastado tontamente, a veces le salía sus ancestros catalanes, por no ver una puñetera trona de bebé. Ni con una flecha luminosa sobre ella se habría visto más.

Y fue terminando el tercer tequila de un sólo sorbo cuando maquinó su venganza. Esa noche Gaspar quería guerra y la iba a tener pero a lo mejor no iba a ser como él se pensaba. “Agárrate los macho Pancho Villa que no sabes lo que te espera”.

Tanto Lucia, como Ramiro y Octavio intentaron quitárselo de la cabeza pero ella cada vez estaba más convencida. Por la noche se vistió y maquilló como si fuera la invitada a un desfile. Estrenó su conjunto de ropa interior y se echó su perfume de Dolce & Gabbana. 

LOOK VIOLETA

La verdad que tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano cuando lo vio aparecer con su sonrisa Profiden de patán, sinvergüenza….ufff tuvo que respirar profundamente dos veces para reprimir el fuerte impulso de meterle dos guantazos mientras le asestaba una patada en su entre pierna.

Su actuación durante toda la noche fue de Goya. Poco a poco lo fue poniendo a tono, bueno hay que reconocer que tampoco le supuso gran trabajo porque Gaspar ya venía calentito de casa. Quizás lo único que podía bajarle la moral era los platos que Martina se iba pidiendo a lo largo de la cena, los más caros, y que luego se dejaba casi intactos porque el 90 por ciento no terminaba de descubrir que era.  Hacía tiempo que no había disfrutado de una velada así, y no por la conversación  porque para ser sinceros, Martina ni le prestaba atención. Estaba más pendiente y divertida de ver como sudaba y se ponía colorado, aunque no terminaba de descubrir si era pensando en la cuenta o en la noche que ella le había hecho creer que iban a pasar.

Aunque él no estaba muy por la labor, terminaron haciendo una última parada antes de la noche románica en el hotel en un pub cerca de este. Le había comentado Octavio que era uno de los lugares más de moda en Acapulco y como tal de los más caros. Gracias a los contactos de  su amigo, pudieron entrar sin hacer cola, cosa que dejó a Gaspar impresionado. Esa cara de idiota se iba a volver a repetir antes de lo que se esperaba.

Se sentaron en una mesa VIP y después de diez minutos hablando de las musarañas y calentando motores, Martina le comentó a Gaspar que lo dejaba 5 minutos para ir al baño a retocarse. Mientras cruzaba el local, se acercó a la barra y pidió la botella más cara que tenían para su mesa. Mientras ella hizo un quiebre en el pasillo y en vez de coger la puerta del baño cogió las de Villadiego, dejando plantado a Gaspar.

Le faltó tiempo para subirse un taxi antes de que este se diera cuenta de que lo habían dejado plantado. Ya en el taxi, le mandó el último whatsapp que contenía la última foto que le había mandado con la trona encerrada en un circulo y escrito: “Hay que ser idiota”. A continuación bloqueo el teléfono de él, borró todos los mensajes y sus fotos.

Y mientras se recostaba tranquilamente en su asiento, disfrutaba  de ver como le había asestado dos duros golpes: uno en su cartera y en otro en un sitio que quedaba más abajo.

CONTINUARÁ……

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