LA NUEVA VIDA DE MARTINA: DESTINO ACAPULCO nro. 4

Martina cumplía 7 meses en Acapulco y ya sentía como la rutina se había apoderado de su vida. En los últimos 2 meses apenas tenía tiempo para visitar la playa o salir por la noche, ya que el trabajo en el pub la tenía absorbida. Trabajaba hasta las 3 de la mañana y por tal motivo se levantaba tardísimo perdiendo toda la mañana. El único día libre que tenía era para limpiar el chiquero del estudio al que se había mudado al poco de empezar a trabajar en Red Bale.

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La verdad que estaba aburrida de su vida, a sus amigos últimamente sólo los veía cuando estos pasaban para tomarse unas copas. Y ni que hablar del sexo contrario. Después de lo de Gaspar, había decidido ser más selectiva. Aunque una no es de piedra y en un par de ocasiones había caído en la tentación pero nada para tirar cohetes. Rollos de una noche. Y es que las mujeres también tenemos nuestras necesidades y cuando se te pone un yogurín a tiro, sería pecado mortal dejarlo pasar

Aunque también había algunos intentos que mejor olvidar, como aquella vez que llevaba unos días de bajón y unas  amigas le animaron para salir y emborrachar las penas. Se  tomó unas cuantas copas de más y le entró una morriña horrible, necesitaba el calor de un hombre, así que se fue con el primero que le dijo cuatro cosas bonitas. Cuando montó  en el coche se le empezó a pasar la borrachera con el aire de la ventanilla y ¡casi se baja en marcha al ver el esperpento con el que se había ido! Le dijo que parase, que iba a vomitar y cogió el primer taxi que pasó sin despedirse siquiera..

O la vez en que llevaba tres meses detrás del DJ del pub. Hasta que por fin le invita a salir. Se fue de compras, se pasó tres horas en la peluquería, se depiló y se hizo todo tipo de tratamientos de belleza para estar perfecta. La cena fue increíble, y encima le pidió que se fuera a su casa, pasan  la noche juntos y, por la mañana, cuando le abraza para despertarla, ¡se le escapa un pedo! A él le hizo gracia pero Martina casi me muere allí mismo por la pérdida de glamour. Ya no pudo volver a salir con él y a penas le podía dirigir un hola y adiós cuando se veían.

noche

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Así que ya andaba rondándole en la cabeza la idea de recoger sus bártulos y moverse a otro lugar. No había dejado España para terminar haciendo lo mismo: vivir una vida gris.

 Pero de sorpresa llegó Alejandro.

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Aprovechando su día libre, decidió ir a comprarse unas gafas de sol porque me acababa de convalidar el carnet de conducir y le molestaba mucho conducir de frente al sol. Le dijeron una óptica donde podría encontrar gafas de sol preciosas y a buen precio. Después de ver y probarse más de 50 mientras intercambiaba miraditas y sonrisas con un chico que también estaba en la óptica, encontró una que le gustaron. El óptico, un señor de unos sesenta y cinco años, no tardó en comentarle lo que en teoría eran todos argumentos a favor de su compra. “Este tipo de gafas las estoy vendiendo mucho porque gustan. Son de moda. Son las que lleva la policía y, claro, todo el mundo quiere unas iguales”. Martina se quedó un poco perpleja con la frasecita: ¿todo el mundo compraba aquellas gafas porque las usaban los policías? A ella no le hacía mucha gracia que la gente la confundiera con un policía. La verdad es que estaba a punto de cambiar de opción y buscar otras para probarse cuando el señor se acercó a por un expositor publicitario y me lo mostró: “¿ves, son las que usan los policías?” No pude evitar sonreír cuando descubrí en la imagen a los integrantes del grupo The Police mostrando con orgullo unas gafas similares a las que, finalmente, decidió comprarse después de volver a intercambiar risas con su joven desconocido.

Así que gracias a The Police y al sol de Acapulco se conocieron.

Con Alejandro todo era una montaña rusa: excitante y peligroso, dulce y tranquilo. Con él no te aburrías, como aquella vez que se acercaron a una feria gastronómica donde había una numerosa asistencia. Después de probar el cebiche más rico del mundo, sintieron un inesperado efecto afrodisíaco. Sintieron el llamado de la naturaleza. Buscaron primero detrás de un rocoto gigante y, luego, tras la combi salchipapera. Pero no eran lugares propicios. Entonces hallaron un baño desocupado. Entraron sigilosamente y se dejaron llevar. Apenas pasaron dos minutos y una voz familiar los asustó. “¿Quién anda ahí?”, dijo. Alejandro y Martina se vistieron y salieron disparados. Al ver al personaje, se quedaron mudos: era un reconocido cocinero que salía en televisión. “Estuvo bueno el tiradito, ¿no?”, les dijo.

CONTINUARÁ……..

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